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Salud: Cómo detectar y tratar el reflujo gastroesofágico

El médico Luciano Fiszer explica qué es, quiénes son candidatos para una cirugía y algunos de los efectos secundarios de los medicamentos

Molestias en el estómago, acidez, problemas para dormir. Estos y otros síntomas afectan la vida de quienes sufren de reflujo gastroesofágico. En muchas ocasiones, quienes lo padecen disfrazan de algún modo los síntomas con medicaciones que les alivian a corto plazo, pero que no tratan correctamente esta afección.

El cirujano Luciano Fiszer conversó con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre las peculiaridades del reflujo gastroesofágico y su tratamiento. Fiszer cuenta con estudios de medicina en la Universidad Favaloro (Argentina), residencias en cirugía general en el Hospital Mount Sinai (Nueva York), y en el Hospital de Tulane University (Nueva Orleans), y una subespecialización en cirugía mínimamente invasiva y bariátrica, en University of South Florida.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

Como explicó, “el reflujo gastroesofágico ocurre cuando los contenidos del estómago vuelven a subir al esófago (tubo que conecta la boca con el estómago). Al final del esófago hay un mecanismo de válvula que impide que los contenidos del estómago vuelvan a subir. Cuando este mecanismo falla es cuando vemos la presencia del reflujo gastroesofágico”.

“Hay problemas anatómicos que causan esto”, indicó, “como la presencia de una hernia hiatal”. Para que lo entendamos mejor, planteó que “el diafragma es un músculo que divide el pecho del abdomen y que utilizamos para respirar también. Este músculo tiene un orificio por el que pasa el esófago para conectarse con el estómago. Este orificio es prácticamente del tamaño del esófago, pero cuando el orificio es un poco más grande de lo normal, a esto se le llama hernia hiatal”.

En ese punto, “no solamente esta zona no funciona bien como una válvula, sino que parte del estómago puede deslizarse a través de este orificio y ubicarse en el pecho. Todo esto genera el reflujo del contenido del estómago hacia el esófago, causando estos síntomas de ardor”.

Además, “cuando los contenidos suben hasta la garganta o la boca, puede causar problemas en las cuerdas vocales, entonces las personas tienen cambios en la voz. Cuando el reflujo sube y baja, y al bajar lo hace por la vía aérea, puede causar infecciones pulmonares. O cuando la persona tiene asma esto puede desencadenar ataques de asma”.

“Muchas veces los dentistas son los que detectan la presencia del reflujo por el desgaste del esmalte”, acotó el médico, que además de realizar cirugías mínimamente invasivas y bariátricas, atiende todo tipo de operaciones que se puedan hacer por medio de una cámara o de un robot.

Ahora bien, en los casos más extremos, “cuando el reflujo es crónico, y la pared del esófago -que no está preparada para un ambiente ácido como el estómago- comienza a cambiar, si estos cambios son severos, pueden llegar a que aumente el riesgo de cáncer de esófago unas 30 o 40 veces”.

Sobre el rango de edades en las que es más probable padecer de reflujo gastroesofágico, comentó que “se suele ver en bebés o en niños pequeños, pero se resuelve. Luego lo vemos en pacientes adolescentes, en casos aislados. Y lo comenzamos a ver más frecuentemente alrededor de los 30, 40 años, y a medida que aumenta la edad”.

¿Qué se siente?

“Muchas veces no lo reconocen como un problema médico”, alertó Fiszer sobre aquellas personas que viven con los síntomas y no toman las medidas adecuadas para tratar el reflujo gastroesofágico.

En ese sentido, resaltó que estas personas “saben que tienen un poco de acidez, que hay ciertos alimentos que no pueden comer, cierta cantidad que no pueden comer, cierta hora en que no pueden comer, sobre todo antes de dormir”.

Con respecto al sueño y a la postura, contó que “hay pacientes que no pueden dormir sobre su espalda. Tienen que dormir de lado, o usando tres, cuatro almohadas, y en casos extremos tienen que dormir sentados para evitar el reflujo, y sienten que se ahogan o comienzan a toser”.

“Todo esto los pacientes lo hacen de manera espontánea, muchas veces, sin ningún tipo de consejo médico, porque eso es lo que ellos identificaron que ayuda. Entonces hay demora en cuanto a acudir a un doctor para tratar este tipo de cosas”, comentó el cirujano, que atiende a sus pacientes en clínicas en los condados Miami-Dade y Broward.

Y con estos cambios en el estilo de vida, muchas personas también se automedican. “Hay distintas familias de medicaciones, como Zantac. Luego están el Prilosec, el Prevacid. Estas medicaciones se usan con prescripción, pero también se pueden adquirir de manera libre en las farmacias”.

“Lamentablemente estas medicaciones tienen potenciales efectos adversos, que tampoco son muy conocidos, y pueden incluir osteoporosis, infecciones pulmonares, deficiencias de ciertas vitaminas, interferencia con ciertas medicaciones que se utilizan para problemas del corazón, como anticoagulantes”, destacó Fiszer, quien es miembro del Colegio Estadounidense de Cirujanos y la Sociedad Estadounidense de Cirugía Bariátrica y Metabólica, entre otras asociaciones.

Además de los efectos secundarios mencionados antes, el uso de estos medicamentos “también está asociado a una incidencia alta de demencia”. Súmese a eso que los problemas se agudizan debido a que “por lo general tienen que tomar esta medicación por el resto de su vida”.

¿Cuál es el criterio para que el paciente sea candidato a cirugía?

“La primera línea de tratamiento es la medicación”, advirtió el cirujano. Después, “tras cambiar ciertos estilos de vida, principalmente tras la pérdida de peso (pues vemos que la epidemia de obesidad aumenta la prevalencia del reflujo), si la medicación falla, el paciente se convierte en candidato a operación”.

Otro caso es “cuando el paciente es joven y no quiere depender de una medicación por el resto de su vida, o no quiere exponerse a las posibles consecuencias de tomar estas medicaciones”.

Con los últimos avances de la tecnología, el doctor Fiszer realiza esta cirugía “de manera mínimamente invasiva, con incisiones pequeñas, y la utilización de cámaras e instrumentos largos para poder operar a través de estas incisiones. Utilizo también el robot, que opera de la misma manera, a través de incisiones pequeñas y una cámara, pero la ventaja es que tengo una visión en tres dimensiones y los instrumentos robóticos tienen mucha más movilidad dentro del paciente que los instrumentos laparoscópicos, que son largos, pero no tienen una especie de articulaciones”.

Sobre la ventaja de hacerlo de forma mínimamente invasiva, precisó que “la recuperación es muchísimo más rápida. En primer lugar, hay mucho menos dolor porque son incisiones pequeñas; en segundo lugar, hay mucho menos sangrado, porque al tener una cámara que puede aumentar la imagen, uno es mucho más preciso cuando está operando y hay menos sangrado”.

Los pacientes por lo general se quedan en el hospital “una sola noche”, y en cuanto la reinserción a su vida normal, “en un par de días pueden retomar sus actividades normales. Pueden caminar el mismo día de la operación. He tenido pacientes que me han dicho que no han tomado pastillas para el dolor, porque es algo mínimo”.

Asimismo, agregó que “la opción quirúrgica no tiene la popularidad que debería tener, y que aproximadamente de un 7 a un 10% de la población tiene síntomas muy frecuentes, a veces diarios, de reflujo gastroesofágico”.

Fuente de información: https://www.diariolasamericas.com/bienestar/salud-como-detectar-y-tratar-el-reflujogastroesofagico-n4211722

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